ESCUELA DE IDIOMAS
BERLITZ
Paseo de la Castellana, 137

2005
La nueva Babilonia y la disolución de las fronteras

Nuestra época viene caracterizada por el movimiento, el flujo, la inestabilidad. Lo único que parece ser constante es el cambio. Los flujos de población, de conocimiento, de capital, parecen difuminar las culturas que al globalizarlas tienden a replegarse localmente. Tal es la paradoja: a mayor globalización mayor nacionalismo cultural, a mayor flujo babélico mayor intensidad simbólica adquieren las identidades culturales, cuyo paradigma es el idioma. Este es el motivo, de índole compensatoria, por el que (aunque las técnicas y los conocimientos se universalizan) aún sigue vigente el concepto de idioma asociado al de cultura. Y lo queramos o no, aunque el inglés se ha erigido en un nuevo idioma franco, sustitutivo del latín, las lenguas propias continúan siendo el modo más común de comunicación y de preservación de una cultura a la que no se debiera renunciar. Sin embargo, en el mundo empresarial y aunque hoy el idioma franco sea “el capital”, es más que evidente el hecho de que cuatro o cinco idiomas se reparten el protagonismo de las relaciones mercantiles, mediáticas, y de conocimiento entre países y profesionales. Así, el carácter multilingüístico equivalente al multiculturalismo que tipifica nuestra época es definitorio no sólo del concepto de escuela al uso, también del concepto de arquitectura de la escuela.

La diferencia entre una escuela tradicional y las escuelas de idiomas Berlitz estriba fundamentalmente en el tamaño del aula y en el perfil del alumnado. Propiamente no se puede hablar de alumno al uso, sino más bien de profesionales cuyo trabajo exige el dominio de un idioma distinto al propio. Está claro que las áreas del saber se han especializado, y que los profesionales de las mismas buscan redes, cada vez más tupidas, de relaciones entre gentes de los países más dispares, que encuentran su punto de unión en esa especialización. De esta forma las fronteras se borran y los grupos de trabajo cada vez son más internacionales. Berlitz posibilita la disolución comunicativa de las fronteras, cuya entidad simbólica fundamental es la singularidad del idioma. En Berlitz el aula es reemplazada por la sala, donde con frecuencia las clases son unipersonales. Ahí está su novedad y muy probablemente su éxito.

Sin duda alguna, su situación junto al centro financiero empresarial por excelencia de Madrid, la zona de AZCA castellana, favorece esta clientela de ejecutivos-directivos con necesidades idiomáticas. Cuando Ginés Méndez Terroso nos encargó la remodelación de esta sede nos pidió respetar esta idea, al tiempo que fuera acompañada por una policromía representativa de la multitud de idiomas: eco multiculturalista. Junto a esta idea o leiv motiv, vimos oportuno desplazar todas las aulas al perímetro de la fachada del edificio, una suerte de peristilo inverso al que se accede, en vez de ser a través de él por el que se accede, como en los templos griegos y romanos que distinguían claramente lo profano (exterior) de lo sagrado (interior). Aquí lo profano es lo sagrado, porque en lo profano tiene lugar lo sagrado: “enseñar”. Estas son las ideas matrices: policromía, multitud de salas de tamaño reducido y reducción de los tiempos de ejecución.

La necesidad de ejecutar las obras en tiempo reducido, nos condujo a una compartimentación en vidrio (fenómeno muy extendido en multitud de áreas de trabajo) y a una seriación de los materiales que no precisaran de albañilería. Casi toda la obra puede desmontarse con un destornillador y con ventosas. Incluso el archivo se configura con dos muebles-estanterías de forma tal, que con un itinerario privado se potencia toda la red circular de recorridos, junto con el vestíbulo y pasillos. Más que una zona muerta de acceso ocasional, constituye la CPU metafórica del centro, gobernando tiempos, turnos, asistencias de profesores, alumnos y uso de salas, en una matriz multicolor réplica de la general policromía.

Queremos agradecer a Ginés Méndez (Director Gerente) el encargo y el apoyo inestimable a estas ideas. A la compañía de Emilio Pulido que siempre animó y estuvo pendiente de los detalles. De su confianza y actitud respetuosa, dejándonos hacer, hemos aprendido el magisterio de la culta libertad, la crítica experimentación y la optimista apertura a las solicitaciones de un tiempo y un lugar. Gracias.

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